La historia de la imprenta es un camino largo y complejo, jalonado de hitos que transformaron la forma en que se producen y se comparten textos e imágenes. Desde los primeros rodillos de piedra para grabar arcilla, pasando por la sofisticación de la xilografía china, la imprenta de Gutenberg y las prensas industriales del XIX, hasta la explosión de las técnicas fotográficas y el off-set, cada avance ha sido un peldaño para democratizar el conocimiento y enriquecer la cultura visual de nuestro mundo.Hoy, en la era digital, seguimos edificando sobre el legado de estos inventores y artesanos que, con su ingenio y dedicación, dieron forma al poderoso medio de comunicación que conocemos como la imprenta.
1. Los orígenes de la tipografía y la revolución de Gutenberg
2. La difusión de la imprenta en Europa durante los siglos xv y xvi
3. Nuevos materiales y técnicas: papel continuo, tintas y prensas mecánicas
4. Innovaciones tecnológicas en la impresión.
5. Tipos de Impresión de tarjetas postales.
1. LOS ORÍGENES DE LA TIPOGRAFÍA Y LA REVOLUCIÓN DE GUTENBERG
La necesidad de registrar y transmitir información ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes, impulsando la búsqueda de nuevas superficies y métodos para plasmar ideas. Hace más de 3,000 años, ya se utilizaban rudimentarios rodillos de piedra para grabar símbolos sobre arcilla, una técnica eficaz para la conservación de datos, pero con escasa portabilidad y durabilidad.Las culturas mesopotámicas perfeccionaron tablillas cuneiformes y formatos como prismas hexagonales o tablillas apiladas de arcilla, reflejando la sofisticación temprana en el registro de leyes, textos religiosos y crónicas históricas. La biblioteca de Asurbanipal en Nínive, con más de 20,000 tablillas, demuestra la envergadura del coleccionismo de textos en aquella época.
El antiguo Egipto basó su cultura escrituraria en el papiro, extraído de una planta acuática. Esta “flor del rey”, símbolo de poder y monopolizada por los faraones, permitió crear documentos más manejables que las pesadas tablillas de arcilla. Gracias a la maleabilidad del papiro, los egipcios desarrollaron jeroglíficos sofisticados, utilizados en inscripciones religiosas y administrativas. No obstante, su producción estaba estrictamente controlada y vinculada a las élites gobernantes.
En Oriente Próximo, las tablillas de arcilla continuaron predominando, mientras surgían innovaciones cruciales como la invención del alfabeto fenicio. Este alfabeto simplificó la comunicación al basarse en signos fonéticos en lugar de complejos ideogramas, convirtiéndose en precursor directo del alfabeto griego y, por ende, de los alfabetos latinos. Urbes como Biblos (actual Líbano) se convirtieron en centros de comercio de papiro, dejando huellas en términos como “Biblia” y “biblioteca”.
La escasez de papiro y la necesidad de un material más resistente condujeron al pergamino, creado a partir de piel animal tratada. Este nuevo soporte mostraba una durabilidad superior y favorecía la creación de libros encuadernados. Así nació el formato de códice, que en la Roma imperial sustituyó gradualmente a los rollos. Autores como Marco Valerio Marcial mencionaron el uso de “codex pugilares”, pequeñas libretas hechas de hojas de pergamino que podían encuadernarse, marcando un cambio estructural en la preservación y consulta del saber. Además, las tabletas enceradas permitían escribir y borrar numerosas veces, sirviendo como herramientas prácticas para la correspondencia y el ejercicio de la lectura y la escritura.
La invención del papel moderno se atribuye a Cai Lun, un consejero chino de la dinastía Han Oriental en el siglo II d.C. Cai Lun mejoró los métodos existentes, utilizando materiales económicos como trapos de algodón, corteza de morera y restos de seda. Su técnica consistía en triturar estos materiales, crear una pasta, y extenderla en capas delgadas para secar al sol, logrando un papel ligero y resistente gracias a la impermeabilización con gelatina de algas. Aunque Cai Lun no fue el primero en crear un material similar al papel, su perfeccionamiento permitió la extensión del uso del papel en China, impulsando un gran desarrollo cultural. El secreto de su fabricación fue celosamente guardado por más de cinco siglos, extendiéndose a otros territorios tras la batalla de Talas en 751 d.C., donde artesanos chinos fueron llevados a Samarcanda y Bagdad, estableciendo fábricas de papel en el mundo islámico.
Allí se desarrollaron incluso técnicas de tipos móviles de madera y metal, así como métodos para imprimir en varias tintas, destacando la gran inventiva de estos pueblos. Sin embargo, este avanzado conocimiento no llegó directamente a Europa. En Europa, la fabricación de papel comenzó en el siglo XI en Játiva (Valencia), donde se desarrollaron técnicas como la filigrana y el uso de gelatina y resina de pino para mejorar la durabilidad del papel. La invención de la imprenta en 1450 incrementó significativamente la demanda de papel, desplazando al pergamino y expandiendo la industria papelería por todo el continente. El uso del papel, más barato y sencillo de producir que el pergamino, allanó el camino para los posteriores desarrollos de la imprenta.
La fabricación de papel en Europa se consolidó con la creación de molinos papeleros en diferentes regiones:
- Fabriano (Italia, 1276): Innovaciones en trituración y encolado.
- Troyes (Francia, 1338) y Maguncia (Alemania, 1320): Establecimiento de molinos papeleros.
- Lille (Bélgica, 1389) y Bruselas (1405): Expansión de la producción.
- Inglaterra (finales del siglo XV) y Holanda (siglo XVI): Adopción tardía de la tecnología papalera.
La aportación de Johannes Gutenberg en torno a 1450 se alzó como una revolución técnica y cultural. Gutenberg integró y perfeccionó elementos como la fundición de tipos móviles metálicos, prensas basadas en las de vino y aceite, y la invención de tintas oleosas, marcando el inicio de la imprenta moderna. La imprenta de Gutenberg democratizó el acceso a los textos y transformó la producción y circulación del conocimiento, creando un nuevo horizonte de difusión masiva y propiciando cambios irreversibles en ciencia, religión, política y cultura escrita.
La invención y perfeccionamiento del papel y la tinta transformaron la recopilación, preservación y difusión del saber, impulsando avances culturales significativos. La capacidad de producir papel de alta calidad de manera eficiente permitió una mayor accesibilidad a la escritura y la lectura, fomentando el desarrollo de la literatura, la ciencia y la educación.
Las innovaciones tecnológicas en la fabricación de papel y tinta continúan evolucionando, adaptándose a las necesidades contemporáneas y preservando la riqueza cultural que estos materiales han facilitado a lo largo de la historia. Desde las tablillas cuneiformes de Mesopotamia hasta la imprenta moderna, cada innovación ha transformado la manera en que registramos y difundimos información, facilitando el progreso cultural y tecnológico de las sociedades humanas.
2. LA DIFUSIÓN DE LA IMPRENTA EN EUROPA DURANTE LOS SIGLOS XV Y XVI
A partir del siglo XV se constata una aceleración sin precedentes del progreso tecnológico, económico y social, cuestión en la que desempeñan un papel muy importante los cambios que tuvieron lugar a partir de esa época en los medios y técnicas de almacenamiento y transmisión de datos y conocimientos. A estos efectos, la irrupción de la imprenta Gutenberg permitió pasar de la copia manual –y elitista– a una reproducción de libros masiva en un tiempo infinitamente menor y con un coste muy inferior.
A partir de ese momento, la impresión gráfica comienza a tener un rol decisivo, lo que le ha permitido desempeñar un papel preeminente como medio en la evolución de la cultura, la ciencia y la tecnología.
Tras la irrupción de la imprenta de tipos móviles, la producción de libros se expandió de manera extraordinaria. En menos de cincuenta años, esta tecnología se diseminó por toda Europa, estableciéndose más de mil imprentas en importantes centros urbanos como Venecia, París, Núremberg y Lyon. Para el año 1500, se habían impreso alrededor de 20 millones de incunables, obras anteriores a 1501 que, aunque conservaban algunos rasgos de la tradición manuscrita, como letras capitulares pintadas a mano, representaron un salto cualitativo gracias a su uniformidad y capacidad de reproducir textos con gran exactitud.
La imprenta transformó el mundo del libro al abaratar los costes de producción, lo que permitió que sectores sociales en ascenso, principalmente la burguesía urbana y los comerciantes, accedieran a la lectura. De este modo, los libros dejaron de ser objetos suntuarios y se convirtieron en bienes asequibles. Esto propició un incremento en la alfabetización, facilitando la difusión de las ideas humanistas del Renacimiento. Obras clásicas latinas y griegas volvieron a circular en ediciones críticas más accesibles, y autores como Erasmo de Róterdam, Maquiavelo y Tomás Moro alcanzaron una amplia repercusión en círculos intelectuales y cortes de toda Europa.
A nivel religioso y político, el impacto de la imprenta fue decisivo. El movimiento de la Reforma Protestante, liderado por Martín Lutero, utilizó la imprenta como un vehículo de propaganda sin precedentes. Las 95 tesis y otros textos de Lutero se multiplicaron rápidamente, cuestionando la autoridad de la Iglesia católica. Asimismo, las traducciones de la Biblia a las lenguas vernáculas, impulsadas por diversas corrientes reformistas, debiliaron el sistema eclesiástico basado en el latín. Paralelamente, la Revolución Científica de figuras como Copérnico, Kepler y Galileo, así como los debates filosóficos de la época, se beneficiaron enormemente de la capacidad de compartir hallazgos y resultados a través de libros y tratados impresos en grandes tiradas.
Las lenguas nacionales recibieron un impulso fundamental gracias a la impresión en castellano, francés, inglés, alemán e italiano, lo que afianzó el uso de estos idiomas en la vida pública y cultural. Este fenómeno generó una demanda de traductores, editores, correctores y tipógrafos especializados, consolidando un incipiente mercado editorial. De esta manera, se cultivaron las identidades nacionales y se creó un espacio común de intercambio intelectual.
En los siglos XVII y XVIII, la imprenta continuó modernizándose, especialmente mediante mejoras en la tipografía y el desarrollo de técnicas de ilustración más depuradas como el grabado en cobre, más detallado que la xilografía. En Europa, familias editoriales como Blaeu, Plantin y Elzevir desarrollaron tradiciones de alta calidad en la elaboración de libros. Al mismo tiempo, surgió un interés por los códices precolombinos y otros materiales provenientes de América, ampliando los horizontes del coleccionismo y la erudición. La Revolución Francesa también jugó un papel crucial al confiscar numerosas bibliotecas de la Iglesia y la nobleza, distribuyendo sus contenidos entre bibliotecas públicas. Esto resultó en una ampliación del acceso a estos fondos, aunque también ocasionó pérdidas irreparables.
Al finalizar este proceso, el libro se había convertido en un símbolo de prestigio para los sectores cultos y en un objeto de instrucción masiva para las nuevas clases emergentes, cimentando los pilares de la industria editorial moderna.
3. NUEVOS MATERIALES Y TÉCNICAS: PAPEL CONTINUO, TINTAS Y PRENSAS MECÁNICAS
El siglo XIX representó una transformación radical para la industria de la impresión y la tipografía, impulsada por la Revolución Industrial. A partir de ese momento, la impresión gráfica comienza a tener un rol decisivo, lo que le ha permitido desempeñar un papel preeminente como medio en la evolución de la cultura, la ciencia y la tecnología. Pero a la vez que ayudaba a una difusión más rápida, segura y universal de los saberes acumulados, la irrupción de la actividad publicitaria va a dar lugar a la configuración de un sector económico con vida propia y con una elevada capacidad de generación de valor añadido (Guijarro, 2004).
Las prensas de madera de Gutenberg fueron reemplazadas por prensas cilíndricas de metal, capaces de imprimir mucho más rápido. El trabajo de Friedrich Koenig y Andreas Bauer, presentado en 1811, permitió alcanzar velocidades de producción que cuadruplicaban el rendimiento de las prensas manuales. Esta innovación no solo benefició la edición de libros, sino que también provocó una explosión de la prensa periódica, con los diarios alcanzando más lectores y convirtiéndose en un poderoso agente de opinión pública.
Paralelamente, se produjo un avance fundamental en la fabricación de papel. El papel, tal como lo conocemos hoy, fue inventado en China en el siglo II d.C. por Cai Lun, un eunuco y consejero del emperador He de la dinastía Han. Cai Lun perfeccionó técnicas anteriores utilizando materiales baratos y accesibles, como trapos viejos, corteza de morera y redes de pesca desechadas. Su método consistía en triturar estos materiales, mezclarlos con agua, hervirlos y extender la pasta resultante en moldes de bambú para secarla al sol. Además, Cai Lun impermeabilizó el papel con gelatina de algas, lo que lo hizo resistente a los parásitos y al paso del tiempo.
El éxito del papel fue inmediato, y su uso se extendió rápidamente por China, revolucionando la burocracia y la cultura escrita. Sin embargo, los chinos guardaron celosamente el secreto de su fabricación durante siglos. Fue a través de la Ruta de la Seda que el conocimiento de la fabricación del papel llegó a Corea, Japón y, finalmente, al mundo islámico tras la Batalla de Talas (751), donde los musulmanes capturaron a artesanos chinos que revelaron el secreto.
En el mundo islámico, el papel se mejoró con el uso de energía hidráulica y materias primas como el lino y el cáñamo. Los musulmanes también introdujeron el papel en Europa a través de al-Ándalus, donde se establecieron los primeros molinos papeleros en Játiva (Valencia) en el siglo XI. La calidad del papel español fue reconocida en todo el mundo, y su producción se extendió gradualmente por Europa. El papel llegó a Europa en un momento en que el pergamino era el principal soporte para la escritura, pero su alto costo y la dificultad para obtenerlo limitaban su uso. El papel, más barato y accesible, revolucionó la producción de libros y documentos. En el siglo XIII, Italia se convirtió en un centro importante de fabricación de papel, con innovaciones como la filigrana (marca de agua) y el uso de gelatina animal para el encolado.
El uso de trapos fue cediendo paso a la celulosa derivada de la madera, lo que permitió generar rollos de papel continuo a un costo muy inferior. La invención de la imprenta por Johannes Gutenberg en 1450 multiplicó la demanda de papel, desplazando definitivamente al pergamino. Los molinos papeleros se extendieron por toda Europa, desde Francia y Alemania hasta Inglaterra y Holanda. El papel se convirtió en un elemento clave para la difusión del conocimiento durante el Renacimiento y la Ilustración. La implementación de prensas rotativas para alimentar bobinas de papel sin interrupción multiplicó la capacidad de producción, permitiendo que los periódicos se vendieran a precios muy bajos. Esto fomentó la masificación de la información y la alfabetización, haciendo que la lectura pasara de ser una actividad restringida a las clases pudientes a integrarse en la vida cotidiana de un número creciente de personas.
Otro salto decisivo fue la evolución de las tintas. Algunos investigadores sugieren que su origen se remonta al cuarto milenio a.C. en la India, pero las primeras evidencias concretas provienen de China y Egipto. Los chinos utilizaban tinta china, hecha a base de hollín y aglutinantes, mientras que los egipcios empleaban tintas negras y rojas de alta calidad, que aún hoy conservan su intensidad en los papiros.
En la antigua Grecia y Roma, se escribía sobre tablillas de cera con punzones, pero también se usaba tinta. Plinio el Viejo y otros autores clásicos dejaron recetas para su elaboración, incluyendo una curiosa tinta hecha con el pigmento de sepias y calamares. Con la expansión del Imperio Romano, la tinta llegó a la península ibérica, y durante la Edad Media, los musulmanes introdujeron la tinta china en Europa.
En la Edad Media, el soporte más común era el pergamino, y la tinta más utilizada fue la tinta ferrotánica, una mezcla de taninos, sales de hierro y goma arábiga. Aunque esta tinta se adhería bien al pergamino, su acidez la hacía corrosiva, lo que provocaba el deterioro de los documentos con el tiempo.
Las antiguas tintas a base de hollín, vitriolo y agallas fueron reemplazadas progresivamente por fórmulas ferrotánicas, mixtas y sintéticas, que ofrecían mayor resistencia al agua y permanencia del color. El surgimiento de las tintas oleosas resultó esencial para productos como los carteles publicitarios, concebidos para exhibirse al aire libre y resistir las inclemencias climáticas. Además, estas tintas facilitaron impresiones de alta calidad en libros, revistas y tarjetas postales, que comenzaron a circular intensamente por correo.
En este contexto, el vapor y luego la electricidad dotaron a las prensas de una fuerza motriz que disparó la producción. La industria gráfica colaboró con otros fenómenos de la modernidad decimonónica, como la expansión ferroviaria y la proliferación de telégrafos, lo que acortó distancias e impulsó la distribución de periódicos y otros impresos a escalas continentales. Este entramado de desarrollos técnicos consolidó la comunicación gráfica como un soporte prioritario para la información, la educación y la publicidad.
Antes de la aparición de la primera fotografía publicada en prensa, fue necesario perfeccionar las técnicas de estampación de imágenes, especialmente aquellas que permitieran integrar simultáneamente fotografías e impresos con textos en un único proceso de impresión. Entre los diversos procedimientos experimentados, el fotograbado se destacó como la innovación más revolucionaria en la difusión masiva de imágenes. Su relevancia radicaba en la posibilidad de grabar fotomecánicamente ilustraciones con semitonos, ya fueran fotografías o dibujos al claroscuro (NEWHALL, 1981).
El impacto del fotograbado se reflejó rápidamente en industrias como la fotográfica, donde facilitó la producción y comercialización de imágenes por parte de fotógrafos técnicamente preparados. Entre los productos más populares derivados de esta innovación estaban las tarjetas postales, que encontraron un amplio mercado gracias a los avances en reproducción mecánica (HENISCH & HENISCH, 1994). Sin embargo, la adopción de esta tecnología en la prensa encontró obstáculos significativos. La ilustración gráfica en los periódicos aún dependía de procesos tradicionales y costosos, como los grabados en madera, que dominaban durante gran parte del siglo XIX. Estos grabados solían basarse en bocetos a partir de dibujos, pinturas o, en contadas ocasiones, fotografías (TWYMAN, 1970).
Un punto de inflexión ocurrió el 4 de marzo de 1880, cuando el New York Daily Graphic publicó la primera ilustración fotográfica de medias tintas, gracias a los experimentos de STEPHEN H. HORGAN, jefe de su departamento fotomecánico (GERVAIS, 2020, p. 101). Este hito marcó el inicio de una era en la que las retículas o tramas se perfeccionaron, permitiendo la reproducción mecánica de toda clase de fotografías. La trama, compuesta por rejillas de líneas negras interpuestas entre el original y la plancha del grabado, permitió transferir imágenes fotográficas a las rotativas y sincronizar su impresión con los textos tipográficos (SCHARF, 1974).
Este avance transformó las necesidades informativo-visuales, permitiendo una reproducción más precisa, económica y rápida en comparación con técnicas anteriores. Sin embargo, en sus inicios, las tramas eran rudimentarias y carecían de detalle fino, lo que llevó a una curiosa convergencia entre la estética de los grabados y la de las fotografías. Durante la década de 1890, los dibujantes, aún fundamentales para las publicaciones, rivalizaban con los fotógrafos al producir grabados minuciosamente detallados, mientras que las fotografías, debido a retoques excesivos, adquirían una apariencia similar a los grabados (GERVAIS, 2020).
Con el cambio de siglo, el huecograbado introdujo nuevas posibilidades mediante la creación de matrices calcográficas a partir de tratamientos químicos de fotografías. No obstante, su incompatibilidad inicial con los textos tipográficos dificultaba el montaje conjunto en los cilindros de las rotativas. Este problema fue resuelto al combinar la composición tipográfica fotografiada sobre película transparente con sistemas de tramado. Así, la prensa comenzó a ilustrar las noticias con imágenes cada vez más realistas, adaptando las rotativas y redacciones a los avances del fotograbado (TWYMAN, 1970, pp. 88-90).
La necesidad de rapidez en la publicación marcó una nueva etapa en el periodismo. Las fotografías, capaces de otorgar objetividad a las noticias, se integraron paulatinamente en las páginas de los diarios. Aunque en un principio su uso fue esporádico debido a la lentitud de los procesos técnicos, una vez superadas estas limitaciones, las imágenes se convirtieron en un elemento habitual y revolucionario del periodismo moderno (NEWHALL, 1981, p. 140).
Hacia finales del siglo XIX, la combinación de papel barato, tintas resistentes y prensas de alta velocidad detonó la proliferación de cromos, tarjetas postales, carteles y catálogos, que llegaron a ser auténticos iconos culturales. El diseño gráfico se estableció como un área creativa en auge, con profesionales especializados en la concepción visual y tipográfica de los productos impresos. Este proceso enriqueció la cultura visual de las sociedades urbanas y rurales, consolidando la lectura como una actividad indispensable para el progreso personal y colectivo.
4. INNOVACIONES TECNOLÓGICAS EN LA IMPRESIÓN GRÄFICA.
Las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX fueron periodos de intensa transformación para la industria de la impresión, marcados por una serie de innovaciones tecnológicas que culminaron en la modernización definitiva de la imprenta. La litografía, descubierta por SENEFELEDER a finales del siglo XVIII, representó el primer método de impresión basado en la repulsión entre el agua y las grasas, lo que permitió a los artistas dibujar directamente sobre piedras calizas. Esta técnica revolucionó la forma en que se reproducían las imágenes, facilitando una mayor precisión y detalle en las impresiones artísticas (ANDERSON, 2020).
Posteriormente, la cromolitografía añadió una dimensión completamente nueva al proceso litográfico al incorporar el color mediante el uso de múltiples planchas, cada una destinada a un color distinto. Esta innovación no solo enriqueció la calidad visual de las impresiones, sino que también dio origen a una industria vibrante de cartelería y publicidad, que inundó las calles de las grandes ciudades con pósteres artísticos vinculados a corrientes estéticas como el Modernismo o el Art Nouveau (PHILLIPS, 1998). La capacidad de producir impresiones coloridas y detalladas a gran escala permitió una difusión masiva de ideas y estilos, transformando el paisaje urbano y la comunicación visual.
Paralelamente, el desarrollo de la fotografía tuvo un impacto profundo en la representación visual y en los métodos de impresión. Las técnicas fotoquímicas, como el fotograbado, la fototipia y, posteriormente, el huecograbado, posibilitaron la reproducción fiel de fotografías en periódicos, libros y tarjetas postales. Estas innovaciones promovieron el surgimiento del fotoperiodismo, acercando la realidad de lugares lejanos y hechos noticiosos directamente al público (SONTAG, 1977). Inicialmente utilizadas en ediciones de lujo, estas técnicas se fueron haciendo más accesibles, convirtiéndose en una parte esencial de la industria editorial y facilitando una mayor democratización de la información visual.
En el contexto de la historia de la impresión gráfica, es fundamental reconocer la irrupción de cuatro grandes hitos tecnológicos que configuraron y determinaron el devenir de la industria gráfica. El primero de estos hitos es la tipografía, desarrollada en 1437, que se basa en la formación de textos mediante letras independientes, generalmente de plomo, permitiendo la impresión repetida de diferentes textos según sea necesario. La tipografía se define como el arte de disponer correctamente el material de impresión, organizando las letras y el espacio de manera que facilite la comprensión del texto por parte del lector, según lo expuesto por MORISON (1926).
El segundo hito es la linotipia, introducida en 1884, que revolucionó la impresión al permitir la formación de líneas completas de texto en lugar de hacerlo letra por letra. Esta técnica agilizó significativamente el proceso de impresión, permitiendo una mayor eficiencia y rapidez en la producción de textos completos (TWYMAN, 1970).
El tercer hito es la impresión offset, desarrollada en 1904, que supuso una ruptura considerable con las técnicas de impresión anteriores. La impresión offset utiliza un traslado indirecto de tinta desde una plancha flexible de aluminio a una mantilla de caucho y luego al papel. Esta innovación permitió impresiones a alta velocidad y calidad, incluyendo cuatricromías y reproducciones fotográficas, transformando la industria gráfica hacia una producción masiva y de alta calidad (EISENSTEIN, 1980). La impresión offset facilitó la reproducción regular incluso en tiradas masivas, convirtiéndose rápidamente en la técnica de referencia para la producción de periódicos y revistas de gran tiraje, además de agilizar el proceso de impresión y reducir costos.
Finalmente, la impresión digital, que se ha consolidado en la actualidad, se basa en la transmisión directa de textos e imágenes digitales al papel o a cualquier otro soporte. Esta tecnología ha irrumpido recientemente en la industria gráfica gracias a la expansión y perfeccionamiento de los medios ofimáticos proporcionados por la industria informática, incluyendo ordenadores y periféricos. La impresión digital elimina muchos de los pasos de preparación requeridos por la impresión offset, como la filmación, los fotolitos y las planchas de aluminio, lo que facilita la reducción de los costes unitarios por producto, especialmente en tiradas cortas (FERRO y GUISADO, 2010). Sin embargo, aún enfrenta desafíos en términos de calidad para ciertas aplicaciones, como la impresión de masas, fondos de color y reproducción de tramas finas. Actualmente, se están desarrollando máquinas que combinan las tecnologías offset y digital para mejorar la calidad y ampliar la gama de soportes de impresión disponibles.
Además de estos cuatro grandes hitos tecnológicos, han surgido una serie de innovaciones de menor enjundia pero igualmente importantes que han desempeñado un papel crucial en la evolución tecnológica del sector gráfico. Por ejemplo, el huecograbado, basado en cilindros de cobre grabados en hueco, aportó un nivel de detalle extraordinario y un amplio rango de matices tonales, ideal para revistas de gran prestigio y material artístico que requería la máxima calidad. Esta técnica complementó la impresión offset al ofrecer una alternativa de alta calidad para publicaciones selectas.
El impacto de todas estas innovaciones fue una auténtica revolución cultural. Por un lado, el uso de imágenes se convirtió en un elemento cotidiano de la comunicación, inundando tanto el espacio público como el doméstico con carteles, postales, folletos y revistas ilustradas. Por otro lado, la integración del diseño tipográfico y las técnicas de reproducción fotográfica incentivó una enorme riqueza de estilos y experimentaciones. La imagen dejó de ser un privilegio de las élites para convertirse en un lenguaje global, democratizando la fotografía y el arte impreso. Este proceso, analizado en profundidad por BENJAMIN al hablar de la “reproducibilidad técnica”, impulsó una nueva forma de contemplar y entender el mundo (BENJAMIN, 1936).
La adopción masiva de estas innovaciones en la industria editorial consolidó la unión entre palabra e imagen, sentando las bases de la cultura mediática del siglo XX. El desarrollo de grandes rotativos de prensa, junto con las redes de transporte y comunicación que facilitaban su distribución, amplió la esfera pública y forjó la opinión colectiva en torno a noticias, novedades literarias, debates políticos y científicos. Este cambio se intensificó a mediados del siglo XX, cuando el incremento de la capacidad instalada en muchos sectores industriales originó una creciente competencia por posicionar las producciones en los mercados. Esto dio lugar a la irrupción de la publicidad como una arma estratégica de naturaleza competitiva, promoviendo un crecimiento vertiginoso de la demanda de productos gráficos como dípticos, trípticos y cartelería. En consecuencia, se produjo un notable incremento de nuevos talleres gráficos y una presión creciente por parte de los demandantes para mejorar la calidad de impresión, reducir los precios y acortar los plazos de entrega, como señalan FERRO y GUISADO (2010).
Simultáneamente, las tarjetas postales ilustradas se convirtieron en una forma de turismo y de intercambio cultural, difundiendo monumentos, tradiciones y estampas de lugares lejanos, contribuyendo así a una mayor conexión y comprensión entre diferentes culturas y regiones.
En resumen, las innovaciones tecnológicas en la impresión no solo transformaron los métodos de producción y distribución de textos e imágenes, sino que también tuvieron un profundo impacto cultural e industrial, democratizando el acceso a la información visual y consolidando una cultura mediática que continúa evolucionando hasta el día de hoy.
Bibliografía de Referencias
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- BENJAMIN, W. (1936). The work of art in the age of mechanical reproduction. Zeitschrift für Sozialforschung.
- EISENSTEIN, E. L. (1980). The Printing Press as an Agent of Change. Cambridge University Press.
- FERRO, C., & GUISADO, M. (2010). Análisis de la industria gráfica en el contexto... Revista Galega de Economía, 19(2), 4.
- GERVAIS, THIERRY. La fotografía en prensa: imágenes, historias y cultura visual. Editorial Gustavo Gili, 2020.
- FEBVRE, L., & MARTIN, H. J. (1958). The Coming of the Book: The Impact of Printing 1450–1800. Verso Books.
- HENISCH, HEINZ K. & HENISCH, BRIDGET A. The Photographic Experience, 1839-1914: Images and Attitudes. Penn State Press, 1994.
- MAN, J. (2002). The Gutenberg Revolution: The Story of a Genius and an Invention that Changed the World. Headline Books.
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- PHILLIPS, T. (1998). Poster Art: A Critical Study and Source Book. Thames & Hudson.
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- SONTAG, S. (1977). On Photography. Farrar, Straus and Giroux.
- TWYMAN, M. (1970). Printing 1770–1970: An Illustrated History of Its Development and Uses in England. Eyre & Spottiswoode.Oxford University Press, 1970.
- WARDE, B. (1956). The Crystal Goblet: Sixteen Essays on Typography. Sylvan Press.
Durante el siglo XIX, la evolución de la industria de la impresión desempeñó un papel fundamental en la expansión de la comunicación visual y escrita, transformando productos específicos como las tarjetas postales. Inicialmente concebidas como simples medios de correspondencia, las postales evolucionaron rápidamente hasta convertirse en objetos culturales apreciados y en una forma accesible de arte visual y comunicación, gracias a las innovaciones tecnológicas en las técnicas de impresión.
A lo largo de los
siglos, las tarjetas postales han sido vehículos de comunicación, arte y
memoria colectiva. Su evolución está estrechamente unida a los adelantos de la
industria de la impresión, que han permitido reproducir imágenes con cada vez
mayor fidelidad, rapidez y variedad cromática. En esta conferencia, deseo
invitarlos a un recorrido detallado por las principales técnicas de
impresión que dieron forma a las postales tal como las conocemos hoy,
subrayando las ventajas de cada sistema y el tipo de producto que
hicieron posible.
Desde la última década del siglo XIX, estos pequeños rectángulos de cartón pasaron de ser simples tarjetas monocromas a verdaderas obras en miniatura, que permitían reproducir paisajes, monumentos, escenas históricas y retratos con niveles asombrosos de detalle. El impacto cultural y social de cada tecnología se aprecia en cómo moldeó la difusión de imágenes en cada época, transformando las postales de simples medios de correspondencia a objetos artísticos y de coleccionismo que capturaban la imaginación de una sociedad en expansión.
5.1. Cromolitografía (1880-1900)
La cromolitografía surgió en el siglo XIX como una técnica de impresión revolucionaria que transformó la producción de tarjetas postales. Basada en la litografía tradicional de Alois Senefelder, permitía la reproducción masiva de imágenes en color con una fidelidad y riqueza tonal inéditas mediante el uso de múltiples planchas litográficas, cada una destinada a un color específico. Esto resultaba en imágenes vibrantes y detalladas, comparables a pinturas al óleo o acuarelas.
El proceso de cromolitografía era complejo y meticuloso, descomponiendo el diseño inicial en sus componentes de color y asignando una plancha de piedra litográfica a cada uno. A través de grabado y entintado, cada plancha imprimía una capa de color en el papel, pudiendo utilizar entre 10 y 20 planchas para lograr un acabado realista y atractivo. En 1835, el impresor alsaciano Godofredo Engelman patentó la cromolitografía, introduciendo un método que añadía el negro a los colores primarios, ampliando así la variedad de tonos y sombras.
Esta técnica requería una alta precisión para alinear perfectamente las planchas, asegurando transiciones suaves y colores intensos. A pesar de su complejidad técnica, la cromolitografía redujo significativamente los costos de producción, permitiendo la distribución masiva de postales que representaban desde paisajes naturales hasta escenas urbanas y monumentos históricos con una calidad comparable a obras de arte pintadas a mano.
Talleres pioneros en Europa y Estados Unidos, como los de Louis Prang y el Gabinete de Imágenes de Épinal, perfeccionaron la cromolitografía y la utilizaron también como herramienta publicitaria para promover destinos turísticos y productos comerciales. Esto convirtió a las postales en objetos de deseo tanto para turistas como para coleccionistas, y en vehículos accesibles de arte y comunicación visual. Además, la cromolitografía democratizó el acceso al arte, permitiendo que personas de diversas clases sociales apreciaran reproducciones artísticas a costos accesibles, fomentando una cultura visual popular.
En conclusión, la cromolitografía no solo revolucionó la industria de las postales al ofrecer una técnica de impresión multicolor y detallada a gran escala, sino que también las transformó en objetos culturales significativos. Integrando arte, tecnología y cultura, esta técnica consolidó su importancia en la historia de la impresión y la comunicación visual, posicionando a las postales como vehículos de comunicación, recuerdos turísticos, coleccionables y herramientas publicitarias. Como ejemplo los cromos Liebig que representan un hito en la historia del marketing y la impresión, demostrando cómo la innovación técnica, como la cromolitografía, puede ser aprovechada para crear estrategias comerciales efectivas y culturalmente significativas. Al combinar arte, tecnología y mercadotecnia, Liebig no solo logró promover su extracto de carne de manera exitosa, sino que también estableció un modelo que sería emulado y perfeccionado por generaciones futuras de empresas.
5.3. Fototipia (1880-1920)
La fototipia, también conocida como colotipia, se destacó entre 1880 y 1920 por su gran fidelidad tonal y su apariencia cercana a la fotografía pura, convirtiéndose en una de las opciones preferidas para la reproducción de imágenes detalladas y realistas en las postales. Esta técnica se basaba en la aplicación de gelatina bicromatada sobre placas metálicas o de piedra, creando un cliché de la imagen original que permitía imprimir con transiciones tonales suaves y una alta definición sin las tramas visibles de otros métodos de impresión de la época.
Una de las principales ventajas de la fototipia era su capacidad para producir imágenes altamente detalladas y con transiciones tonales fluidas, lo que permitía una reproducción visualmente cercana a la fotografía original. Esto hizo que las postales fototípicas fueran especialmente valoradas para representar monumentos, paisajes y escenas urbanas con una nitidez y realismo excepcionales. En Europa, editoriales como Hauser & Menet y Thomas en España aprovecharon esta tecnología para ofrecer vistas de ciudades históricas y monumentos patrimoniales con una gran definición y precisión, convirtiendo las postales en recuerdos visuales y documentos históricos apreciados por turistas y coleccionistas.
Sin embargo, la fototipia enfrentaba desafíos como su sensibilidad a la humedad, lo que requería condiciones de trabajo muy cuidadosas, y la precisión meticulosa en la manipulación de las placas para mantener la calidad de la imagen. A pesar de estos retos, la fototipia logró elevar el nivel de las postales a la categoría de pieza coleccionable y documento histórico a finales del siglo XIX y en las primeras dos décadas del siglo XX.
Además de mejorar la fidelidad visual de las postales, la fototipia contribuyó al realce cultural de este medio de comunicación al permitir la reproducción precisa del patrimonio cultural y urbano. Las postales fototípicas se convirtieron en una herramienta valiosa para la promoción turística y la difusión cultural, permitiendo a los viajeros llevar consigo imágenes detalladas de sus destinos y a las editoriales ofrecer una amplia gama de postales que reflejaban la diversidad y riqueza visual de diferentes lugares y eventos.
En resumen, la fototipia representó un avance crucial en la historia de la impresión de tarjetas postales, proporcionando una reproducción detallada y realista de imágenes fotográficas que elevó a las postales de simples medios de correspondencia a objetos artísticos y documentales. Gracias a su alta fidelidad tonal y su capacidad para producir imágenes nítidas y sin tramas, la fototipia permitió que las postales capturaran la esencia visual de monumentos, paisajes y escenas urbanas con una calidad sin precedentes, consolidando su papel como testimonios históricos y recuerdos culturales que siguen siendo apreciados hasta el día de hoy. Los grandes impresores de fototipia en España fueron Hauser. Thomas y Lacoste.
5.4. Fotopostal (1900-1920)
Las fotopostales, también conocidas como Real Photo Postcards (RPPC), emergieron a principios del siglo XX impulsadas por la llegada de cámaras portátiles como la Folding Pocket Kodak de 1903, que democratizó la fotografía permitiendo que cualquier persona pudiera capturar y revelar sus propias imágenes. Esta técnica revolucionó el mundo de las postales al permitir la creación de tarjetas absolutamente personales, donde los individuos podían tomar instantáneas de su entorno y enviarlas directamente a amigos y familiares, eliminando la necesidad de intermediarios como editoriales o impresores. Las fotopostales capturaban desde celebraciones familiares y escenas rurales hasta ferias locales y retratos de personas queridas, convirtiéndose en testimonios visuales de la vida diaria y en documentos históricos que reflejaban la diversidad y riqueza de las comunidades de la época.
Una de las principales ventajas de las fotopostales era su inmediatez y personalización, permitiendo a los usuarios imprimir directamente sus propias fotos en formato de tarjeta postal y fomentando una forma de expresión individual a través de la imagen impresa. En España, fotografos como Lluis Bartrina. desempeñaron un papel crucial en la popularización de las fotopostales, comercializando postales fotocromáticas que ganaron rápidamente popularidad entre turistas y coleccionistas gracias a la intensidad del color y la precisión arquitectónica de las imágenes capturadas.
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Lluis Bartrina, fotógrafo y editor. |
Las fotopostales no solo documentaban paisajes y monumentos, sino también momentos de la vida cotidiana, como reuniones familiares y eventos históricos, convirtiéndose en testimonios únicos de una era en constante cambio. Esta técnica permitió a los fotógrafos locales compartir su propia realidad, generando un mercado de postales auténticas y personales que reflejaban la diversidad cultural y social de diferentes regiones.
El impacto de las fotopostales en la sociedad fue significativo, ya que democratizaron la fotografía, permitiendo que cualquiera pudiera ser fotógrafo y compartir su visión del mundo, lo que enriqueció la oferta de postales y fomentó una cultura visual más inclusiva y diversa. Además, las fotopostales jugaron un papel crucial en la preservación del patrimonio cultural, capturando imágenes de lugares y eventos que podrían cambiar o desaparecer con el tiempo, convirtiéndose en valiosos recursos históricos.
En resumen, las fotopostales representaron un avance significativo en la historia de las tarjetas postales, transformándolas de simples medios de correspondencia a objetos de arte personalizados y testimonios históricos. Gracias a la democratización de la fotografía y a la innovación tecnológica, las fotopostales permitieron una reproducción auténtica y detallada de imágenes, fortaleciendo los lazos emocionales entre las personas y contribuyendo a la preservación de la memoria cultural y social de una época en constante evolución. Gracias a que se hicieron tiradas muy pequeñas y representa lugares poco fotografiados en ocasiones, son muy cotizadas en su venta.
5.5. Huecograbado (1910s-1920s)
el huecograbado,
también conocido en sus aplicaciones artísticas como heliograbado. Esta
técnica, perfeccionada entre las décadas de 1910 y 1920, representó un salto
cualitativo en la capacidad de reproducir imágenes con una gran
fidelidad tonal y una riqueza de detalles inigualables.
El huecograbado
se basa en el grabado de una placa metálica, generalmente de cobre,
mediante la creación de minúsculos huecos de profundidad variable.
Estos huecos se llenan de tinta, que al transferirse al papel, recrea matices
de luz y sombra con una sutileza impresionante. La profundidad de
cada hueco determina la cantidad de tinta retenida, lo que resulta en una gradación
tonal excelente y una textura aterciopelada en las áreas oscuras.
Esta característica distintiva hizo que el huecograbado se convirtiera en la técnica
predilecta para la producción de postales de lujo, retratos de
alta calidad y ediciones destinadas a coleccionistas.
Una de las grandes
ventajas del huecograbado era la suavidad de sus sombras y la textura
aterciopelada que presentaba en las áreas oscuras, lo que confería a las
imágenes una profundidad y realismo excepcionales. Estas cualidades lo
hacían ideal para escenas con fuertes contrastes, reproducciones de
obras de arte y fotografías formales que requerían una fidelidad
minuciosa a la imagen original. Además, el huecograbado permitía una gran
riqueza tonal, lo que resultaba en postales con una dimensión visual
superior, casi museística en su calidad.
No obstante, el
huecograbado también presentaba desafíos significativos. El coste
elevado asociado a la creación de las planchas grabadas y la lentitud
del proceso de impresión limitaban su uso a tiradas pequeñas o ediciones
especiales, lo que confería a estas postales un aire de exclusividad
y prestigio. Este factor restrictivo impedía que el huecograbado se
utilizara para producciones en masa, reservando su aplicación para series
limitadas destinadas a un público selecto que valoraba la alta
calidad y la unicidad de cada pieza.
En el contexto de la
reproducción fotográfica en blanco y negro, el huecograbado se destacó
especialmente para la representación de monumentos, grandes obras
arquitectónicas y escenas artísticas que requerían una profundidad
y detalle excepcionales. Las postales producidas con esta técnica
capturaban la esencia de los sujetos con una claridad y precisión que
pocas otras técnicas podían igualar. Empresas y talleres especializados,
conscientes del valor añadido que aportaba el huecograbado, invirtieron en esta
tecnología para ofrecer postales que no solo servían como recuerdos visuales,
sino también como obras de arte coleccionables.
El impacto del
huecograbado en la industria de las tarjetas postales fue profundo. Al elevar
el nivel de detalle y riqueza tonal de las imágenes reproducidas, esta
técnica contribuyó a la consolidación de las postales como objetos de lujo
y arte popular. Los coleccionistas apreciaban enormemente las postales
huecograbadas por su calidad casi museística, que capturaban con exactitud
y belleza la esencia de los lugares y eventos representados. Además, el
huecograbado permitió que las postales sirvieran como documentos históricos,
preservando la memoria visual de una época y de lugares que podrían sufrir
cambios con el tiempo.
En resumen, el huecograbado representó una revolución en la impresión de tarjetas postales, ofreciendo una calidad de imagen superior con detalles finos y transiciones tonales suaves que lo hicieron ideal para postales de lujo y coleccionables. Aunque su alto coste y lentitud de producción limitaron su uso a ediciones especiales, el huecograbado dejó una huella indeleble en la historia de las postales, consolidando su papel como objetos de arte y memoria histórica que reflejaban la belleza y riqueza cultural de su tiempo. Gracias a esta técnica, las postales no solo capturaban imágenes, sino que también conservaban la esencia de los momentos y lugares, transformándose en testimonios visuales de una época en constante evolución.
5.6. Heliograbado (1923)
Introducido de manera más amplia en 1923, el heliograbado perfeccionó la técnica del huecograbado, ofreciendo una impresión calcográfica de alta gama que elevó el estándar de calidad en la producción de postales. Esta técnica utilizaba cilindros de cobre grabados de manera mecánica o fotográfica, lo que garantizaba una resolución altísima y un control muy preciso del color en cada celda de impresión.
Una de las principales ventajas del heliograbado era su detalle excepcional y la capacidad de imprimir con tonos vibrantes, lo que lo hacía ideal para postales que buscaban una máxima fidelidad en retratos y panorámicas. A diferencia de su predecesor, el huecograbado, el heliograbado permitía una imprenta más eficiente y rápida, lo que reducía los costes de producción en grandes tiradas. Esta eficiencia, combinada con la alta calidad de impresión, permitió a las imprentas producir postales fotográficas y artísticas en cantidades considerables, satisfaciendo la creciente demanda del mercado turístico y de coleccionistas exigentes.
Aunque en sus inicios el heliograbado enfrentó ciertos problemas con los tintes de moda, como sepia, verde y morado, que con el tiempo se deterioraban, la técnica maduró rápidamente.
Los impresores aprendieron a seleccionar tintes más duraderos y a perfeccionar el proceso de grabado, lo que consolidó al heliograbado como sinónimo de calidad y exclusividad en el mundo de las postales. Esta evolución permitió que el heliograbado reemplazara gradualmente a la fototipia y al huecograbado clásico, ofreciendo una mejor relación coste-eficiencia sin comprometer la fidelidad y el detalle de las imágenes.
El heliograbado se destacó especialmente en la reproducción de imágenes en blanco y negro con una gran definición y una amplia gama tonal. Las postales producidas mediante esta técnica eran altamente valoradas por su nitidez y realismo, capturando con precisión los matices de luz y sombra que daban vida a retratos detallados y paisajes urbanos majestuosos. La transición fluida entre tonos de gris y la textura aterciopelada de las áreas oscuras conferían a estas postales una profundidad visual que pocas técnicas podían igualar.
En el ámbito comercial, el heliograbado ofreció una oportunidad invaluable para que muchas imprentas se situaran a la vanguardia tecnológica. Al combinar la suntuosidad del huecograbado con la versatilidad y eficiencia que exigía la demanda comercial, el heliograbado permitió a las empresas de impresión expandir su producción y diversificar su oferta. Esto no solo aumentó la disponibilidad de postales de alta calidad, sino que también ampliaron el alcance de estas tarjetas, haciéndolas accesibles a un público más amplio sin sacrificar la exclusividad que caracterizaba a las ediciones especiales y de coleccionista.
Las postales de heliograbado se convirtieron en objetos de deseo tanto para turistas que buscaban conservar recuerdos visuales detallados de sus viajes como para coleccionistas que apreciaban la alta calidad artística y la fidelidad fotográfica de estas tarjetas. La técnica permitió la creación de postales de altísima calidad, con una gran definición y una amplia gama tonal, dirigidas tanto al mercado turístico como a los coleccionistas exigentes. Estas postales no solo servían como recuerdos personales, sino también como documentos históricos que preservaban la memoria visual de lugares y momentos específicos con una precisión excepcional.
En resumen, el heliograbado representó una revolución en la impresión de tarjetas postales, ofreciendo una calidad de imagen superior y una fidelidad tonal que lo convirtieron en la técnica preferida para postales de lujo y coleccionables. Su capacidad para combinar detalle excepcional, tonos vibrantes y alta eficiencia de producción permitió que las postales heliograbadas alcanzaran una posición destacada en el mercado, consolidándose como objetos de arte y memoria histórica. Gracias a esta técnica, las postales no solo capturaban imágenes con una belleza inigualable, sino que también reflejaban la evolución tecnológica y cultural de su tiempo, asegurando su lugar como testimonios visuales de una era en constante transformación.
5.7. Bromuro (1950)
En la década de 1950, surge una innovación que transformó significativamente la producción de tarjetas postales: el bromuro. Este proceso, aunque muy parecido a la fotografía clásica, ofrecía un contraste elevado y una apariencia elegante en imágenes en blanco y negro que lo distinguieron de otras técnicas de impresión de la época. El bromuro implicaba la impresión directa a partir de un negativo fotográfico sobre papel sensible de alta calidad, tratado con sales de plata que garantizaban una claridad superior y un nivel de detalle excepcional. Este método permitía obtener imágenes nítidas y con transiciones tonales marcadas, resultando en una estética visualmente atractiva y sofisticada.
La principal
ventaja del bromuro residía en su capacidad para producir imágenes con
una nitidez incomparable y una gran riqueza de detalles. Al exponer
directamente el negativo sobre el papel bromurado, se lograba una reproducción
fiel y elegante de la imagen original, destacando por sus altos niveles de
contraste que acentuaban las diferencias entre luces y sombras. Esta
característica hacía que las postales impresas con bromuro fueran excepcionalmente
claras y definidas, ideales para representar paisajes urbanos y
naturales con una fidelidad visual impresionante.
El bromuro se asoció
fuertemente con el auge de las postales de paisajes y vistas urbanas
durante los años 50. Muchas veces, estas postales se diseñaban con una
intención de atemporalidad, evitando la inclusión de personas, vehículos
u otros elementos que pudieran fecha el contenido y disminuir su
relevancia con el paso del tiempo. Este enfoque permitió que las postales
bromuradas sirvieran como “ventanas universales” hacia lugares icónicos,
capturando la esencia y la belleza de los destinos sin comprometer su
perdurabilidad estética. Las imágenes resultantes presentaban una estética
limpia y elegante, ideal para un público que buscaba conservar recuerdos de
manera refinada y duradera.
Además de su uso en
postales turísticas, el bromuro también se empleó en la producción de cromos
coleccionables y productos publicitarios. La alta calidad y detalle
de las imágenes bromuradas las hacían perfectas para materiales
promocionales que requerían una presentación visualmente impactante y
sofisticada. Sin embargo, debido a su coste elevado y a la complejidad
del proceso, el bromuro se reservó principalmente para tiradas de
prestigio y series limitadas destinadas a un público asegurado
que valoraba la exclusividad y la alta calidad de estos
productos. Este factor restrictivo limitó su aplicación a proyectos que
buscaban destacarse por su diseño superior y valor artístico,
asegurando que solo las postales más selectas y exclusivas se
beneficiaran de esta técnica.
El proceso de
bromuro requería un control riguroso durante la exposición y el secado
de las imágenes. La manipulación delicada de los negativos y el papel bromurado
era esencial para evitar imperfecciones y asegurar que cada imagen mantuviera
su claridad y nitidez. El tiempo de secado y los cuidados durante el
revelado eran críticos para preservar la integridad de las imágenes
impresas, lo que añadía un nivel adicional de calidad y precisión al
producto final.
Las postales
bromuradas se destacaron por su elegancia visual y su gran nivel
de detalle, convirtiéndose en objetos de colección altamente
valorados tanto por turistas como por coleccionistas. Estas postales no solo
servían como recuerdos personales de viajes y experiencias, sino también
como documentos históricos que preservaban la memoria visual de lugares
emblemáticos y escenas cotidianas de una época específica. La durabilidad
de las imágenes bromuradas aseguraba que estas postales mantuvieran su belleza
y relevancia a lo largo del tiempo, haciendo de ellas tesoros visuales
que trascendían generaciones.
En conclusión, el bromuro representó una evolución significativa en la impresión de tarjetas postales durante los años 50, ofreciendo una calidad visual superior y una fidelidad tonal que lo convirtieron en una técnica altamente valorada para la producción de postales de lujo y coleccionables. Su capacidad para crear imágenes nítidas y elegantes, junto con su detallada reproducción fotográfica, permitió que las postales bromuradas se destacaran en el mercado como productos exclusivos y artísticos. A pesar de sus costes elevados y la lentitud del proceso, el bromuro logró consolidarse como una técnica de impresión de prestigio, reservada para proyectos que buscaban distinción y alta calidad, asegurando que las postales producidas bajo este método fueran verdaderas obras de arte visuales que capturaban la belleza y esencia de su tiempo.
5.8. Impresión Offset (desde la década de 1920 en adelante)
En la década de 1920 y a partir de entonces, la impresión offset revolucionó por completo la industria de la impresión, marcando un antes y un después en la producción de tarjetas postales. Este método se basa en un proceso indirecto donde la imagen se transfiere primero desde una plancha metálica a un cilindro de caucho y, posteriormente, de este al papel. Esta innovación permitió optimizar tanto el registro de colores como la velocidad de producción, transformando la manera en que se fabricaban y distribuían las postales.
Una de las ventajas
fundamentales de la impresión offset es su capacidad para
trabajar con cuatricromía (CMYK: cian, magenta, amarillo y negro), lo que
permite la creación de imágenes a todo color con una gran precisión
y a costos asequibles. A diferencia de la litografía tradicional, donde
la imagen se transfiere directamente desde la plancha al papel, el offset
utiliza un cilindro de caucho que actúa como intermediario, reduciendo
el desgaste directo de la plancha y permitiendo una reproducción más
duradera y eficiente. Esta característica fue crucial para la consistencia
de color en grandes tiradas, asegurando que cada postal producida
mantuviera una alta calidad visual sin variaciones significativas entre
ejemplares.
La impresión
offset facilitó enormemente la producción en masa de postales, lo
que permitió abaratar los precios y hacer que las postales fueran accesibles
para un público más amplio. Empresas pioneras como Curt Teich en
Alemania, la Detroit Publishing Company en Estados Unidos y Ediciones
Arribas en España aprovecharon esta técnica para lanzar series enormes
de postales que cubrían una amplia variedad de diseños y destinos.
La capacidad de producir grandes volúmenes de postales de manera rápida
y económica transformó a las tarjetas postales en un fenómeno de masas,
donde casi cualquier persona que viajaba podía adquirir postales de cualquier
rincón del planeta y enviarlas con rapidez y facilidad.
Además, la versatilidad
de la impresión offset permitió la incorporación de nuevos acabados como
barnices, laminados y papeles especiales que realzaron la apariencia
y durabilidad de las postales. Estos acabados no solo mejoraron la estética
de las tarjetas, haciéndolas más atractivas y resistentes al desgaste,
sino que también contribuyeron a la democratización del medio. Gracias a
estos avances, casi todos podían adquirir postales coloridas y de alta
calidad, lo que incrementó su popularidad y presencia en el
mercado global.
La impresión
offset también permitió una mayor variedad de diseños y temáticas
en las postales, adaptándose a los gustos cambiantes de los consumidores
y a las tendencias culturales de cada época. Desde paisajes
turísticos vibrantes y vistas urbanas detalladas hasta diseños
artísticos modernos, la impresión offset ofreció una flexibilidad
gráfica que enriqueció la oferta de postales disponibles. Esta versatilidad
fue clave para satisfacer la demanda creciente de postales
personalizadas y temáticas, consolidando al offset como la técnica
hegemónica en la segunda mitad del siglo XX.
Además de su impacto
en el diseño y la producción, la impresión offset integró nuevas
tecnologías que mejoraron aún más su eficiencia y calidad. La automatización
de la preimpresión, la separación de colores automática y la mejora
de las planchas fotopolímeras permitieron una mayor rapidez y precisión
en el proceso de impresión. Estos avances tecnológicos no solo aumentaron la capacidad
de producción, sino que también permitieron la creación de postales de
edición limitada con colores más vivos y detalles específicos,
como la aplicación de barnices metálicos o tintas especiales, que
enriquecían aún más el atractivo visual de las tarjetas.
El impacto de la impresión
offset en el mercado de las tarjetas postales fue profundo. La economía
de escala que ofrecía esta técnica permitió que las postales se
convirtieran en un producto masivo y accesible, democratizando su uso y
distribución. Antes de la popularización del offset, los métodos de impresión
limitaban la producción de postales a tiradas pequeñas o a ediciones
costosas; sin embargo, con el offset, las empresas podían producir grandes
volúmenes a bajo coste, satisfaciendo la creciente demanda
del mercado turístico, comercial y artístico.
En términos
culturales, la impresión offset jugó un papel crucial en la difusión
de la cultura visual y en la promoción turística. Las postales se
convirtieron en pequeñas ventanas al mundo, permitiendo a las personas
compartir y conservar imágenes de lugares lejanos, eventos históricos y escenas
cotidianas con una calidad visual impresionante. Además, la capacidad de
producir postales a todo color con gran detalle facilitó la difusión
de la identidad visual de destinos turísticos, ayudando a consolidar la
imagen de ciudades y paisajes en la memoria colectiva de millones de
personas.
En resumen, la impresión offset transformó la industria de las tarjetas postales al ofrecer una tecnología de impresión rápida, eficiente y de alta calidad que permitió la producción masiva de postales coloridas y detalladas a costos asequibles. Esta técnica no solo democratizó el acceso a postales de alta calidad visual, sino que también ampliaron las posibilidades creativas y temáticas disponibles para los productores y diseñadores. Gracias a la impresión offset, las postales se consolidaron como objetos de comunicación masiva, recuerdos turísticos valiosos y coleccionables apreciados, reflejando la evolución tecnológica y cultural de la segunda mitad del siglo XX y asegurando su vigencia y relevancia en la historia de la comunicación visual.
5.9. Impresión Digital (desde la década de 1990 en
adelante)
En la década de
1990 y en adelante, la impresión digital irrumpió en el mundo de la
producción de tarjetas postales, marcando una transformación radical
que adaptó este medio a la era informática. A diferencia de las técnicas
tradicionales de impresión, la impresión digital eliminó por completo la
necesidad de planchas o fotolitos, permitiendo que la imagen se transfiera
directamente desde un archivo digital al papel, utilizando impresoras
de inyección de tinta o láser. Este avance tecnológico no solo
revolucionó la manera en que se producían las postales, sino que también redefinió
su propósito y funcionalidad, adaptándolas a las demandas de un mundo cada
vez más digitalizado y personalizado.
Una de las ventajas
más destacadas de la impresión digital es la personalización
absoluta que ofrece. Este sistema permite realizar tiradas cortas,
incluso de una sola copia, con datos o diseños específicos para
cada cliente. Esta capacidad de personalización cambió por completo la dinámica
de producción, permitiendo que las postales se conviertan en objetos
únicos que reflejan las preferencias individuales de los usuarios. Ya no es
necesario producir grandes volúmenes para que el proceso sea rentable; en su
lugar, se pueden crear postales altamente personalizadas que capturan
momentos específicos, eventos únicos o mensajes personales, adaptándose a las
necesidades particulares de cada remitente.
Gracias a la impresión
bajo demanda, se lograron reducir significativamente los costes y se
evitó el sobrestock de productos no vendidos. Este método no solo
optimiza los recursos económicos, sino que también contribuye a una producción
más sostenible, minimizando el desperdicio de materiales y permitiendo una respuesta
ágil a las fluctuaciones de la demanda. Además, la calidad de la imagen
en las postales digitales ha equiparado e incluso superado en algunos casos
a las técnicas tradicionales. La impresión digital es capaz de reproducir colores
muy vivos y detalles precisos, asegurando que cada tarjeta mantenga
una alta calidad visual independientemente de la cantidad producida.
Otra característica
innovadora de la impresión digital es la facilidad para combinar texto,
fotografía e interactividad. Esta capacidad ha permitido que las postales
retomen un carácter creativo y modernizado, fusionando lo tangible con
lo digital. Por ejemplo, es posible integrar códigos QR o elementos de realidad
aumentada que redirigen a contenido digital adicional, como videos,
galerías de fotos o mensajes interactivos. Esta interactividad agrega
una nueva dimensión a las postales, transformándolas en medios de
comunicación multifuncionales que no solo sirven para enviar mensajes, sino
también para ofrecer experiencias enriquecidas y personalizadas.
La impresión
digital ha abierto también nuevas oportunidades de diseño y experiencia
del usuario, permitiendo a los usuarios experimentar con una variedad
infinita de opciones creativas. Desde la creación de postales artísticas
con diseños únicos hasta la incorporación de elementos gráficos complejos,
la impresión digital ha ampliado las posibilidades estéticas de las tarjetas
postales. Este aspecto creativo ha hecho que las postales digitales se
conviertan en plataformas de expresión personal, donde cada tarjeta
puede ser una obra de arte personalizada que refleja la individualidad y
el estilo del remitente.
Además, la impresión
digital ha tenido un impacto significativo en la sustentabilidad de
la industria de la impresión. Al permitir la producción bajo demanda, se
reduce la necesidad de grandes tiradas que a menudo resultan en excedentes y
desperdicio de papel. Asimismo, muchas de las tintas utilizadas en la
impresión digital son ecológicas y a base de agua, lo que contribuye
a una producción más respetuosa con el medio ambiente. Este enfoque
sostenible no solo responde a las preocupaciones ambientales
contemporáneas, sino que también mejora la imagen de las empresas que
adoptan prácticas más responsables y ecológicas en su proceso de
producción.
La impresión
digital ha transformado la industria de las tarjetas postales al
ofrecer una flexibilidad y rapidez que las técnicas tradicionales no
podían igualar. La capacidad de ajustarse rápidamente a las tendencias
del mercado y a las necesidades específicas de los consumidores ha
permitido que las postales sigan siendo un medio relevante y apreciado
en la era digital. Las empresas y los profesionales de marketing han
aprovechado esta tecnología para crear campañas publicitarias personalizadas,
enviando postales con mensajes específicos basados en los intereses o
datos demográficos de los consumidores, combinando lo tangible de
las tarjetas postales con la precisión del marketing digital.
En conclusión, la impresión digital ha representado una revolución en la producción de tarjetas postales, adaptándolas a un mundo digital y personalizado. Esta técnica ha permitido que las postales se conviertan en objetos altamente personalizados, con diseños únicos y acabados especiales, producidos de manera rápida y eficiente. La capacidad de imprimir en cantidades pequeñas o grandes sin pérdida de calidad ha ampliado las posibilidades creativas y funcionales de las postales, asegurando que este medio siga siendo relevante y querido en la era digital. La combinación de personalización, eficiencia y calidad de imagen ha garantizado que las tarjetas postales digitales no solo mantengan su atractivo, sino que también evolucionen para satisfacer las necesidades cambiantes de una sociedad cada vez más conectada y personalizada.
5.10.Conclusión.
El auge de la tarjeta postal está ligado a una serie de factores económicos, sociales y técnicos que fueron gestándose durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX. La Segunda Revolución Industrial marcó un cambio profundo en la producción de bienes y en el transporte, abriendo la puerta a nuevas formas de comunicación y consumo cultural. El ferrocarril y el telégrafo transformaron la experiencia de las distancias, facilitando el envío de mercancías y la transmisión de noticias. En paralelo, las tasas de alfabetización crecieron de manera significativa, alimentando una demanda de publicaciones impresas y creando un contexto social proclive a la lectura y el intercambio de correspondencia.
La historia del correo se remonta a civilizaciones muy antiguas, pero fue en el siglo XIX cuando se produjo la institucionalización de los sistemas postales. Las mejoras logísticas y la fundación de la Unión Postal Universal (UPU) en 1874 contribuyeron a unificar criterios de franqueo y a agilizar el tránsito internacional de cartas. En este contexto, la tarjeta postal surgió como un vehículo económico y práctico, ampliamente adoptado por la población para enviar mensajes cortos, saludos y, sobre todo, imágenes de ciudades, paisajes o escenas cotidianas que se convertían en puntos de contacto visual entre remitente y destinatario.
Por otro lado, el origen y la evolución de la fotografía ejercieron un impacto crucial en la estética de las tarjetas postales. Desde los primeros daguerrotipos hasta los avances en colodión húmedo y gelatino-bromuro, la posibilidad de capturar y reproducir una imagen con precisión se fue perfeccionando, al tiempo que los costos de producción descendían. La fotografía dotó a las postales de un realismo inédito, que fascinó a los receptores y, además, aportó un gran valor documental. Monumentos, personajes célebres y momentos fugaces quedaron plasmados en las tarjetas, otorgándoles una dimensión histórica que hoy es inestimable para investigadores de diversas áreas.
Estos fenómenos entroncan con la dilatada historia de la impresión, que comienza siglos atrás y se compone de múltiples hitos. Los antiguos rodillos de piedra para grabar arcilla, la xilografía china, la invención de la imprenta de tipos móviles por Johannes Gutenberg en torno a 1450, las prensas industriales del siglo XIX y las sucesivas revoluciones tecnológicas de los siglos XX y XXI representan pasos decisivos en la progresiva accesibilidad de los textos y las imágenes. Sin estas conquistas técnicas, la producción masiva de tarjetas postales habría sido impensable.
En cuanto a la historia del sello postal y su relación con la filatelia, cabe señalar que la aparición del Penny Black en 1840 fijó un antes y un después en el sistema moderno de franqueo, facilitando la recogida y el envío de cartas. Este hito estimuló el coleccionismo de sellos, una afición que corrió paralela y a veces se entrelazó con la cartofilia, término que designa la recolección y clasificación de tarjetas postales. Aunque guardan semejanzas en su vínculo con el mundo postal, filatelia y cartofilia presentan dinámicas y motivaciones diferentes, cada cual con su público especializado.
El coleccionismo de tarjetas postales, o cartofilia, se vio estimulado por factores muy diversos. Por un lado, el deseo de recopilar imágenes de distintos lugares o temáticas —desde monumentos y escenas costumbristas hasta retratos de actores de moda— y, por otro, la necesidad de constituir un acervo visual que mostrara la diversidad y la modernidad de un mundo globalizado. Así, se fundaron clubes de intercambio y revistas dedicadas exclusivamente a la cartofilia, extendiendo el fenómeno a todas las capas sociales.
Las postales, a su vez, se conectan con la tradición de los llamados “objetos efímeros”, como los panfletos o los volantes de propaganda. Aunque muchas tarjetas se concibieron con una finalidad pasajera, fueron atesoradas por familiares y coleccionistas, lo que explica su conservación a lo largo de las décadas. Su carácter efímero estaba marcado por la inmediatez del mensaje y la logística postal, pero su calidad artística y su capacidad de reflejar costumbres y paisajes les garantizó una supervivencia notable.
Finalmente, es importante subrayar cómo, gracias a la integración de la fotografía en su elaboración, las tarjetas postales se convirtieron en fuentes históricas de gran valor. Cientos de escenas que, de otro modo, habrían permanecido invisibles en la historia oficial, quedaron inmortalizadas en estas pequeñas cartulinas. Para disciplinas como la etnografía, la historia local o la sociología, las postales representan un testimonio vivo de épocas, estilos de vida y espacios urbanos que, en muchos casos, ya no existen.Cada técnica de impresión —desde la cromolitografía hasta la impresión digital— ha dejado una huella indeleble en la historia de las tarjetas postales. Cada una de estas innovaciones respondió a necesidades específicas de su época, adaptándose a los avances tecnológicos y a las cambiantes preferencias culturales. Algunas técnicas priorizaron la viveza del color, otras la fidelidad fotográfica, mientras que otras se enfocaron en la velocidad y la producción masiva. Las más recientes, como la impresión digital, han llevado la personalización y la adaptabilidad a un mundo cada vez más digitalizado.
La postal, en esencia, es un reflejo de los avances técnicos y de la sensibilidad artística de cada momento histórico. Con la cromolitografía, se popularizaron las ilustraciones detalladas y coloridas, permitiendo que las postales fueran vistas como pequeñas obras de arte accesibles a un público masivo. Esta técnica no solo democratizó el acceso a imágenes vibrantes, sino que también estableció las bases para que las postales se convirtieran en recuerdos turísticos y coleccionables valorados por su belleza visual.
La fototipia y el huecograbado representaron avances significativos en términos de realismo y lujo. La fototipia permitió la reproducción de imágenes con una gran fidelidad tonal y una apariencia cercana a la fotografía pura, elevando la postal a la categoría de pieza coleccionable y documento histórico. Por otro lado, el huecograbado ofreció una riqueza en los tonos y una textura aterciopelada que lo hicieron ideal para postales de lujo y ediciones destinadas a coleccionistas exigentes. Estas técnicas no solo capturaron con precisión detalles arquitectónicos y paisajes, sino que también preservaron la esencia cultural y urbana de los lugares representados, convirtiéndose en testimonios visuales de una época en constante evolución.
La introducción del heliograbado en 1923 perfeccionó aún más estas técnicas, ofreciendo una impresión calcográfica de alta gama que combinaba detalle excepcional y tonos vibrantes. El heliograbado permitió la producción de postales con una fidelidad fotográfica y una definición visual que rivalizaban con las obras de arte más sofisticadas, consolidándose como la técnica preferida para postales de alta calidad tanto en el mercado turístico como entre coleccionistas. Su capacidad para producir tiradas grandes a un costo más eficiente sin sacrificar la calidad de imagen hizo que el heliograbado se convirtiera en una tecnología dominante, permitiendo que las postales fueran producidas en cantidades considerables sin perder su exclusividad artística.
En la década de
1950, el bromuro introdujo una nueva dimensión en la impresión de
postales, ofreciendo imágenes en blanco y negro con un alto contraste
y una gran nitidez. Esta técnica se destacó por su claridad superior
y su apariencia elegante, siendo ideal para postales que buscaban una estética
atemporal. Al enfocarse en paisajes y vistas urbanas sin elementos que
pudieran envejecer, como personas o vehículos, el bromuro permitió que las
postales conservaran una belleza inalterable a lo largo del tiempo.
Aunque su coste elevado y la complejidad del proceso limitaron su
uso a proyectos de prestigio y series especiales, el bromuro se
estableció como una técnica de alta calidad destinada a un público
selecto que valoraba la exclusividad y la elegancia visual.
Finalmente, con la llegada de la impresión digital en la década de 1990, las tarjetas postales experimentaron una transformación radical que las adaptó a la era informática. La impresión digital eliminó la necesidad de planchas físicas, permitiendo que la imagen se transfiriera directamente desde un archivo digital al papel mediante impresoras de inyección de tinta o láser. Esta innovación no solo facilitó la personalización absoluta, permitiendo la creación de postales únicas con diseños específicos para cada cliente, sino que también optimizó la eficiencia de producción al permitir tiradas cortas o incluso una sola copia sin incurrir en costos prohibitivos. La impresión digital también abrió la puerta a la integración de elementos interactivos, como códigos QR y realidad aumentada, que fusionaron lo tangible con lo digital, modernizando la postal y ampliando sus posibilidades creativas y funcionales.
La impresión
digital no solo mejoró la calidad de imagen hasta niveles
comparables o superiores a las técnicas tradicionales, sino que también revolucionó
la dinámica de producción al permitir una respuesta ágil a las
demandas del mercado y a las tendencias culturales. Las empresas y
profesionales del marketing han aprovechado esta tecnología para crear campañas
publicitarias personalizadas, enviando postales con mensajes específicos
basados en los intereses y datos demográficos de los
consumidores, combinando la tangibilidad de las postales con la precisión
del marketing digital.
En conjunto, cada
uno de estos sistemas —cromolitografía, fotocromo, fototipia, fotopostal,
huecograbado, heliograbado, bromuro, offset y digital— no solo transformó
el modo de producir postales, sino que también configuró la manera en la que
millones de personas vieron y representaron su realidad y la de lugares
lejanos. Las técnicas más artesanales, con su minuciosa separación de colores o
su grabado manual, quedaron como herencia artística de alta sofisticación.
Por otra parte, las tecnologías más ágiles, como el offset y la impresión
digital, hicieron factible que las postales se convirtieran en uno de los soportes
de comunicación más populares y democráticos del último siglo. Esta
evolución permitió que mensajes, saludos y recuerdos se difundieran con
facilidad, acercando a la gente a través de imágenes que, en muchos
casos, capturaron el alma de un lugar o de un momento histórico.
En definitiva, la historia de la tarjeta postal está profundamente unida a la historia de la imprenta y de la cultura visual contemporánea. Es un testimonio de cómo el avance tecnológico ha repercutido en nuestras formas de ver, recordar y compartir el mundo que nos rodea. Y aunque hoy en día convivamos con medios digitales infinitamente más veloces, la postal conserva su atractivo tangible, ese encanto de imagen impresa que puede guardarse, tocarse y atesorarse, recordándonos que lo impreso también es un acto de memoria y cercanía con los demás. Con ello, se confirma la vigencia de estos procesos técnicos que, lejos de desaparecer, se han combinado y adaptado para que la postal siga siendo una pequeña pero potente ventana hacia la belleza, el patrimonio y la esencia de cada momento en el tiempo.
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