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7/1/25

2.7. ¿Son Objetos efímeros las Tarjetas postales?

Las tarjetas postales ilustradas que surgieron a finales del siglo XIX y principios del XX constituyen, a primera vista, un medio de comunicación breve y atractivo, caracterizado por su inmediatez y accesibilidad. En el marco de los llamados “materiales efímeros”, estas postales fueron concebidas con un propósito funcional: transmitir mensajes rápidos y visualmente atractivos, al tiempo que evidenciaban los avances técnicos y culturales de la modernidad. Siguiendo la definición de “ephemera”, derivada de la voz griega ἐφήμερα —que alude a aquello de “duración pasajera”—, se plantea la cuestión de si las tarjetas postales realmente cumplen o no con los rasgos que determinan lo efímero.

A continuación, se exponen los principales argumentos que sustentan la naturaleza efímera de las tarjetas postales, junto a las razones por las cuales han trascendido su aparente fugacidad hasta convertirse en fuentes históricas y culturales de gran relevancia.



1. Concepto de efímero y su relación con las tarjetas postales

El término “efímero” se asocia a materiales diseñados para un uso inmediato y de corta duración, con escasas probabilidades de conservación prolongada (Lewis, 1985). En este sentido, las tarjetas postales se ajustan a la concepción de objetos impresos creados para circular y después desecharse, tal como señala Maurice Rickards cuando define los efímeros como “artículos de papel transitorios de uso diario [...] fabricados para ser utilizados y desechados” (Rickards, 1988, p. 17).

La tesis de John Pemberton, en cambio, refuerza este carácter “insumiso” de los materiales efímeros, aludiendo a que desafían los canales tradicionales de publicación y catalogación (Pemberton, 1996). Las tarjetas postales —cuya distribución descansaba en estudios fotográficos privados, librerías, bazares, hoteles o quioscos— se escapaban a menudo de un control bibliográfico centralizado; eran accesibles a cualquier persona y, por ende, difíciles de rastrear.


2. Fragilidad material y brevedad de uso

La vulnerabilidad física de las tarjetas postales subraya su condición efímera. En primer lugar, se producían con papel de calidad media o baja, sujeto a procesos de impresión (fototipia, cromolitografía) que, si bien ofrecían un acabado estético destacado, no garantizaban durabilidad ante la luz solar o la humedad (Clinton, 1981). Sumado a ello, la tinta empleada solía decolorarse con rapidez, especialmente en el caso de las tarjetas coloreadas o retocadas para realzar su atractivo visual.

El desgaste propio del envío postal —pasando por múltiples manos, matasellos y depósitos en sacas— también limitaba su vida útil. Como anota John Lewis, “cualquier cosa que se haya impreso con un propósito de tiempo corto y específico” (Lewis, 1985, p. 9) se ve expuesta al deterioro inmediato; y en las tarjetas postales, el mero acto de cumplimentar la dirección y de manipularlas incrementaba la probabilidad de roturas, manchas o decoloraciones.


3. Producción masiva y disponibilidad democrática

Otro elemento que refuerza la visión de las postales como efímeras es la enorme producción y difusión que tuvieron a finales del siglo XIX. Gracias al perfeccionamiento de la imprenta y a la estandarización de los formatos, su coste de producción se abarató, haciendo que se produjeran en masa para un mercado de consumo amplio (Rickards, 1988).

Eran, por tanto, objetos cotidianos y populares, al alcance de todas las clases sociales, un fenómeno que Chris Makepeace describe como la clave para entender cómo los efímeros pasan a ser, con el tiempo, “testigos inadvertidos de la vida social” (Makepeace, 1985, p. 22). Al estar disponibles en lugares tan variados como quioscos, bazares, hoteles o estaciones de tren, se compraban, escribían y enviaban de forma rápida y sin mayores pretensiones de archivo.


4. Imágenes retocadas e idealizadas: atractivo y comercialización

La práctica de alterar o realzar las imágenes en las tarjetas postales —mediante retoques fotográficos, añadidos de color o supresión de elementos no deseados— revela una intención marcadamente comercial. Este proceder, descrito por Jensen (2016) en el ámbito de la cultura visual, las distanciaba de la fidelidad documental y las acercaba a la construcción de una imagen idealizada del lugar o la escena retratada.

No obstante, este embellecimiento, que respondía a fines comerciales, incrementaba la efimeridad del objeto: la postal debía ser llamativa y venderse rápidamente, en muchas ocasiones sin la intención de perdurar. Tal como apunta Mohr (2011), el fuerte componente estético y la inmediatez del consumo fomentaban la rotación acelerada de estilos gráficos, quedando obsoletos con la misma rapidez con que cambiaban las modas.


5. El reverso manuscrito como testigo de relaciones personales

Pese a su diseño efímero, las tarjetas postales incluyen en el reverso un mensaje manuscrito, la fecha, la dirección y los sellos postales. Estos elementos, si bien estaban destinados a una comunicación breve, han adquirido un valor historiográfico relevante. Según la reflexión de John Lewis (1985), el texto personal y la marca postal añaden una capa microhistórica que permite reconstruir aspectos íntimos de la vida cotidiana y las redes de sociabilidad de la época.

Aun así, la escritura con pluma y tinta o lápiz suele desvanecerse con el tiempo, reafirmando su carácter efímero. Solo una fracción de estos ejemplares ha sobrevivido en condiciones aceptables, ya sea por azar o por el afán coleccionista (Hughes, 2013).


6. Tensiones entre lo efímero y lo perdurable

Paradójicamente, aquello que se fabricó con carácter desechable ha logrado llegar hasta nuestro presente como un documento invaluable de la cultura y la historia social. Estas tensiones se evidencian en la noción de Alan Clinton de situar a los efímeros en “un continuo entre volúmenes encuadernados y recortes de manuscritos” (Clinton, 1981, p. 12), destacando que ciertos objetos, pese a su original condición precaria, pueden ser rescatados y revalorizados.

El interés por el coleccionismo ha jugado un papel trascendental en este proceso. Muchas tarjetas postales fueron conservadas en álbumes familiares o por coleccionistas particulares, quienes, sin preverlo, salvaguardaron un testimonio único de la modernidad y de las formas de comunicación que marcaron los siglos XIX y XX (Rickards, 1988).


7. Importancia histórica y cultural actual

El factor que más cuestiona la supuesta “fugacidad” de las tarjetas postales es el enorme valor documental que poseen en la actualidad. Gracias a sus ilustraciones, se pueden reconstruir cambios urbanísticos, costumbres e incluso modas de la época (Masciantonio, 2007). Su estudio también sirve para identificar las transformaciones en los sistemas de transporte (ferrocarriles, automóviles, barcos de vapor) y la expansión de rutas postales (Williams, 2009).

Por otro lado, las tarjetas postales son fuentes de memoria gráfica que, al decir de Petra Mohr, “permiten una lectura plural de la sociedad al combinar imagen, texto y movilidad” (Mohr, 2011, p. 46). En el campo académico, disciplinas como la historia social, la antropología cultural o los estudios de turismo se benefician del análisis de estos materiales, que revelan la construcción del imaginario colectivo sobre viajes, paisajes y experiencias compartidas (Jensen, 2016).


8. Conclusiones: ¿efímeras o permanentes?

En síntesis, las tarjetas postales ilustradas de finales del siglo XIX y principios del XX sí pueden considerarse objetos efímeros si atendemos a su intención original: fueron concebidas para un uso inmediato, reproducidas en papel de baja calidad y distribuidas de forma masiva, careciendo en muchos casos de autoría reconocida y siendo expuestas a condiciones de rápida degradación (Lewis, 1985; Pemberton, 1996; Rickards, 1988).

No obstante, su valor estético e histórico ha provocado su rescate y preservación hasta la actualidad, desafiando la fugacidad para la que fueron diseñadas. Como sucede con otros materiales efímeros (panfletos, carteles, entradas de eventos), estas postales se convirtieron en “testigos inadvertidos” de los procesos sociales y culturales de su tiempo (Makepeace, 1985). De este modo, el equilibrio entre la fragilidad de su soporte y el interés que han suscitado en coleccionistas e investigadores las ha impulsado a trascender su vida útil original.

Las tarjetas postales, en definitiva, ilustran la paradoja esencial de los efímeros: aun naciendo para ser desechables, pueden adquirir una permanencia excepcional si encuentran las circunstancias que favorezcan su conservación, lo que las consagra como un recurso primario de la historia cultural y social de la modernidad.


Referencias Bibliográficas

  • Aynsley, J. (2000). Graphic Design in Germany, 1890-1945. University of California Press.
  • Clinton, A. (1981). Printed Ephemera: Collection, Organisation and Access. London: Clive Bingley.
  • Helfand, J. (2008). Scrapbooks: An American History. Yale University Press.
  • Hughes, E. (2013). Postcards: A History of a Popular Medium. Thames & Hudson.
  • Jensen, M. (2016). Postcards from the Past: A Cultural History of Postcards. Routledge.
  • Lewis, J. (1985). Collecting Printed Ephemera. New York: Abbeville Press.
  • Makepeace, C. (1985). Ephemera: A Book on Its Collection, Conservation and Use. Gower Publishing Ltd.
  • Masciantonio, G. (2007). Las postales en la memoria cultural. Ediciones del Serbal.
  • Mohr, P. (2011). The Visual Culture of Postcards. Berg Publishers.
  • Pemberton, J. (1996). The World of Ephemera. London: The British Library.
  • Rickards, M. (1988). Collecting Printed Ephemera. Phaidon-Christie’s Limited.
  • Twemlow, A. (2017). Sifting the Trash: A History of Design Criticism. MIT Press.
  • Williams, P. (2009). Send: A Postcard History. Princeton Architectural Press.


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