"Quien colecciona postales, colecciona momentos felices del mundo, imperecederos, memorables" ________ Andrés Trapiello.1. Contexto histórico y antecedentes
2. Nacimiento
3. La guerra franco-prusiana (1870-1871)
4. Transformación en un medio de comunicación visual
5. Consolidación del fenómeno
6. Referencias bibliográficas
1. CONTEXTO HISTÓRICO Y ANTECEDENTES
La segunda mitad del siglo XIX fue un periodo de significativos avances tecnológicos y cambios culturales que propiciaron el surgimiento de nuevos formatos de comunicación gráfica, destacando la tarjeta postal. Inicialmente concebida como un medio económico para el intercambio de mensajes breves, la tarjeta postal combinaba la inmediatez de la escritura con el poder expresivo de la imagen, consolidándose como un importante vehículo de comunicación cultural y social (RIEGO AMÉZAGA, 2012).
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Cromolitografía del litógrafo Miesler, 1890 |
De igual modo, la tarjeta postal ilustrada se benefició de los avances en la imprenta y los procesos fotomecánicos, así como de influencias iconográficas y artísticas previas. La popularidad de la fotografía de viajes, las ilustraciones de prensa, las tarjetas de visita, la pintura de paisajes y la cartelística configuraron un legado visual muy valorado (RIEGO AMÉZAGA, 2001). En España, fotógrafos como Charles Clifford (1819-1863) y Jean Laurent (1816-1886), así como otros locales, desempeñaron un papel decisivo al revalorizar el patrimonio cultural de ciudades y regiones, exhibiendo paisajes, monumentos y costumbres que cautivaron a un público cada vez más interesado en lo pintoresco (SCHARF, 2001). Estas imágenes, unidas al boom de la industria turística y a la curiosidad por lo exótico, crearon una iconografía compartida que reforzó la noción de “mirada turística” y la necesidad de legitimar la experiencia del viaje mediante registros visuales tangibles (URRY, 2002).
La capacidad de reunir texto e imagen en un espacio reducido convirtió a las postales en documentos esenciales para compartir impresiones de cada destino, validando la experiencia del viaje y difundiendo una memoria visual donde se mezclaban la subjetividad del mensaje escrito con la aparente objetividad fotográfica. Estos soportes, al regresar al hogar, se transformaban en recuerdos materiales que los viajeros atesoraban y que hoy sirven para reconstruir la vida cotidiana, los cambios urbanísticos y los valores estéticos de la época (GUEREÑA, 2005).
2. NACIMIENTO
La creación de la tarjeta postal como medio de comunicación rápido y económico emergió a partir de las innovadoras propuestas de destacados personajes en el ámbito de los servicios postales. Uno de los pioneros más influyentes fue el Dr. Heinrich von Stephan, secretario de Estado de Correos del Imperio Alemán. Durante el Congreso Postal Internacional de 1865, Stephan propuso la circulación de cartas oficiales sin sobre, conocidas como “Enteros Postales”, con el objetivo de abaratar costes y agilizar el intercambio epistolar (Carrerás Candi, 1903; Almarcha, 2007).Si bien la iniciativa de Stephan no prosperó de inmediato, en parte por el temor a disminuir los ingresos postales y por las dudas sobre la confidencialidad, sentó un precedente para desarrollos posteriores. En 1869, Emanuel Herrmann, economista y profesor austriaco, publicó en el diario Neue Freie Presse un texto donde subrayaba las ventajas financieras y prácticas de este recurso (ALONSO LAZA, 1997). Su argumento persuadió a Adolf Maly, director de Correos y Telégrafos de Viena, quien impulsó la aparición de la primera postal oficial del mundo el 1 de octubre de 1869 en Austria: la “Correspondenz-Karte”, una sencilla tarjeta rectangular con la tarifa impresa en el anverso y espacio para la dirección, dejando el reverso para el texto del remitente (LÓPEZ HURTADO, 2013; TEIXIDOR CADENAS, 1999). Si bien empezó de forma discreta, la “Correspondenz-Karte” tuvo un rápido éxito internacional, inaugurando una nueva etapa en la comunicación postal (PHILIPPEN, 1977).
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https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Correspondenz-Karte.jpg. Dominio Público. |
Surgieron como una innovación significativa en el sistema postal, respondiendo a la necesidad de una comunicación más económica y rápida. Estas tarjetas permitían enviar mensajes breves sin la necesidad de utilizar sobres, lo que redujo considerablemente los costos tanto para los remitentes como para los servicios postales (LÓPEZ HURTADO, 2013).Al estandarizar el formato y preimprimir la tarifa de envío en el anverso, se simplificaba el proceso de envío, agilizando la correspondencia y haciéndola más accesible para una mayor parte de la población (ALONSO LAZA, 1997).
El uso de la tarjeta postal se extendió rápidamente a principios de la década de 1870. Alemania del Norte y Luxemburgo la adoptaron en 1870; Suiza, Gran Bretaña y Bélgica en 1871; Rusia en 1872, y ese mismo año y hasta 1873 Francia, Chile, Rumanía y España se sumaron a la corriente. Aunque John P. Charlton e Hymn Lipman ya habían patentado postales privadas en 1861, fue en 1873 cuando el gobierno de Estados Unidos comenzó a imprimir sus propias tarjetas oficiales, con una tarifa de un centavo, consolidando su uso definitivo.
Con los acuerdos de la Unión Postal General —origen de la futura Unión Postal Universal (UPU)— a partir de 1875, se estableció un modelo universal con normas internacionales para tamaño, coste y diseño, fijándose las dimensiones de 9 x 14 cm, tarifas reducidas y la división del reverso entre dirección y mensaje (TEIXIDOR CADENAS, 1999). La evolución de la tarjeta postal tras esos años se vio impulsada por la ruptura del monopolio estatal, la aparición de nuevas técnicas de impresión y el crecimiento del coleccionismo.
La evolución de la tarjeta postal ilustrada fue un proceso gradual y complejo, con múltiples contribuciones a lo largo del tiempo. La creación de tarjetas conmemorativas, tanto oficiales emitidas por las autoridades postales como semi-oficiales o privadas emitidas por organizaciones promotoras de eventos, fue clave para su consolidación (ALMARCHA NÚÑEZ-HERRADOR Y OTROS., 2007; 2019).
En Gran Bretaña, la primera
tarjeta postal ilustrada que se considera oficial data de 1872 y
presentaba ilustraciones de vistas emblemáticas de Londres (Catedral de St.
Paul, la Torre y el Puente de Londres) realizadas por GUSTAVE DORÉ,
reconocido por su excepcional habilidad en el grabado. La asociación con un
artista de renombre subraya el valor cultural y artístico que
comenzaban a adquirir las tarjetas postales en este período (PALÁ LAGUNA, 2004;
DALE, 2021).
Con la proliferación de técnicas de impresión como
la litografía, la fototipia y el huecograbado,
los impresores privados vieron la oportunidad de diferenciarse mediante
diseños más elaborados y temáticas diversas . Así,
la postal pasó de ser un recurso estatal para la correspondencia a un objeto
cultural que reflejaba las costumbres, la política, el arte y, en
definitiva, la vida de cada región o país.
La liberalización del monopolio estatal en la fabricación de postales fue un factor decisivo. Varios países (Francia, Alemania, entre otros) cedieron parte de su control a editoriales privadas, permitiendo una mayor experimentación en el diseño y uso de ilustraciones (TEIXIDOR CADENAS, 1999; CARRERAS CANDI, 1903). En 1872 se autorizó la producción de tarjetas privadas en la confederación alemana sin sello impreso, y en 1875 en Francia se permitió oficialmente la venta de postales privadas junto con su sello postal correspondiente, se produjeron tarjetas de diferentes tarifas (10 y 15 céntimos) que en solo una semana alcanzaron millones de ventas (ALMARCHA, 2007). Para 1873, los comerciantes comenzaron a imprimir anuncios publicitarios en el reverso de estas tarjetas, lo que motivó la liberalización legislativa de 1875 y permitió a impresores producir sus propios diseños respetando el formato oficial.
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Primeros Enteros Postales. |
Finalmente, en 1878, la UPU estandarizó el formato (9 x 14 cm), estableció una tarifa postal única, fijó el uso de dos idiomas en el anverso (el local y el francés) y autorizó la edición privada de postales para uso internacional, encuadrándolas dentro de la categoría de correspondencia, junto a cartas y papeles impresos, en un marco legal que favorecería su enorme difusión mundial.
3. LA GUERRA FRANCO-PRUSIANA (1870-1871)
La Guerra Franco-Prusiana (1870-1871) representó un momento clave en la evolución de la postal ilustrada, que hasta entonces había permanecido en versiones básicamente textuales. El estallido del conflicto, unido a la necesidad de información inmediata, favoreció la inclusión de elementos gráficos con contenidos bélicos, patrióticos y propagandísticos (GUEREÑA, 2005). En Alemania, el impresor August Schwartz envió en 1870 a un familiar una tarjeta con el dibujo de un cañón, reflejo del clima de tensión previo a la confrontación (HACKING, 2012). Este acto —que algunos consideran como la primera postal ilustrada— dejó claro el afán de difundir noticias al instante y, a la vez, generar iconografía que fortaleciera la conciencia nacional (PHILIPPEN, 2001, p. 19).
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August Schwartz Oldenburg. Dominio Público. |
En Francia, se atribuye el origen de las postales ilustradas a la iniciativa del librero Léon Besnardeau durante el asedio de Estrasburgo (1870). Ante las exigencias de comunicación en el contexto bélico, Besnardeau elaboró tarjetas con motivos militares y consignas patrióticas, como “Guerre de 1870 / Camp de Conlie” y “Souvenir de la défense nationale” (BESNARDEAU, 1902; CARRASCO, 2013). Pese a las dudas académicas sobre si se utilizaron durante la guerra o se vendieron sobre todo como souvenirs tras el conflicto (PHILIPPEN, 2001), estas creaciones abrieron el camino hacia la expansión de la postal ilustrada, validando su función como medio de propaganda, comunicación familiar y evidencia histórica (RIPERT & FRÈRE, 2001).
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Léon Besnardeau, facsimile editado en 1910 |
La formalización de la tarjeta de correspondencia para los soldados, impulsada por Otto von Bismarck (Verordnung betreffend die Einführung der Correspondenzkarte), permitió la rápida circulación de mensajes breves cuyo propósito principal era informar y tranquilizar a los seres queridos en la retaguardia, reforzando al mismo tiempo la cohesión nacional (BUTLER, 2020).
De esta forma, el periodo bélico aceleró la adopción de técnicas de impresión litográfica y reproducción masiva, que, según BENJAMIN (1972), al finalizar el conflicto, el uso de la postal se mantuvo y se extendió a fines civiles y comerciales (MORGAN, 2010).
4. TRANSFORMACIÓN EN UN MEDIO DE COMUNICACIÓN VISUAL
El período entre 1876 y 1890 marcó el inicio de una era en la que las tarjetas postales evolucionaron de simples vehículos para mensajes escritos a convertirse en importantes medios de comunicación visual. Al comienzo, existía una limitación: solo las postales oficiales del Estado disfrutaban de la tarifa reducida, mientras que las de la industria privada debían costear la tarifa de carta si llevaban cualquier anotación más allá de la firma, desincentivando su uso masivo.
La costumbre de enviar tarjetas navideñas comenzó oficialmente en 1845 y se le atribuye a W.C. Dobson, pintor favorito de la reina Victoria de Inglaterra. La práctica ganó impulso cuando la propia reina Victoria empezó a enviar miles de estas tarjetas, impulsando su popularidad. Con la reducción de los costos de impresión y la universalización de los enteros postales, las tarjetas navideñas se hicieron más accesibles al público general. Además, se estableció la costumbre de que las familias personalizaran sus tarjetas con decoraciones como listones, recortes de tela y hojas secas, reflejando una dimensión más profunda de la cultura y las costumbres sociales de la época. Este fenómeno contribuyó significativamente a la tradición de intercambiar tarjetas durante las festividades, una práctica que continúa siendo relevante en muchas culturas en la actualidad.
Sin embargo, las exigencias sociales y los conflictos como la Guerra Franco-Prusiana propiciaron que las postales ilustradas se convirtieran en auténticos instrumentos de propaganda, con visualidades impactantes y mensajes diseñados para movilizar a la opinión pública. Con el desarrollo de las tarjetas postales topográficas, la representación de mapas, paisajes y monumentos se hizo más frecuente, fomentando el interés de coleccionistas y viajeros. Estas tarjetas posibilitaban “ver el mundo” a quienes no podían desplazarse físicamente, y, con la creciente afluencia de turistas, también sirvieron como herramientas de promoción de destinos lejanos (TRONCOSO & LOIS, 2017).
A finales de la década de 1880, se fue levantando la restricción sobre dónde escribir los mensajes y, en casi todos los estados, la postal ilustrada experimentó un gran desarrollo. Las empresas editoriales comenzaron a emplear el reverso para imágenes, dejando parte del espacio a las anotaciones. Aun así, los reglamentos postales internacionales obligaban a reservar el dorso completo para la dirección, de modo que las ilustraciones debían dejar hueco para el texto del remitente.
Este cambio en el diseño propició el protagonismo de la comunicación visual. Mientras la imagen se volvía más prominente, el elemento textual se reducía a márgenes en blanco o se superponía parcialmente sobre la ilustración. Así, la tarjeta postal dejó de ser meramente un instrumento de correspondencia para alzarse como un objeto con valor artístico y, poco después, como soporte publicitario
El desarrollo de las tarjetas postales
topográficas marcó un paso crucial: dichas postales incluyeron mapas
y representaciones geográficas, atendiendo a la creciente demanda de
materiales que representaran lugares lejanos y exóticos, en un contexto
de expansión de los imperios coloniales y aumento del turismo
(RESTREPO, 2010; BUTTLER, 2020). Estas postales funcionaban como herramientas
educativas, ayudando a la gente a familiarizarse con la topografía de
regiones desconocidas, y se convirtieron en objetos de deseo para viajeros y
coleccionistas (FREUND, 1997).
Con el tiempo, las tarjetas postales
topográficas no solo mostraban mapas, sino también paisajes,
monumentos históricos y puntos de interés turístico, configurando la postal
como herramienta clave para difundir destinos y ofrecer recuerdos
visuales (HACKING, 2012). Este fenómeno impulsó el turismo
incipiente, que encontró en la postal ilustrada el soporte ideal para
compartir experiencias con familiares y amigos (TRONCOSO & LOIS, 2017).
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Tarjetas postales topográficas. Cromolitografía Suiza |
En el ámbito comercial, se comenzó a explotar la popularidad de la tarjeta postal para promover productos, mediante ilustraciones y mensajes capaces de captar la atención del posible cliente.
Con el auge del turismo, las tarjetas postales se transformaron en escaparates de lugares turísticos e historias locales, especialmente en aquellos diseños con los lemas «Gruss aus…» o «Saludos de…». El litógrafo MIESLER fue pionero al transformar folletos turísticos ilustrados en objetos postales, introduciendo pequeñas ilustraciones y marcando un hito en la comunicación visual (RESTREPO, 2010).
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Primeros "Gruss aus" litografiados y monocromático |
5. CONSOLIDACIÓN DEL FENÓMENO
La popularidad de la tarjeta postal ilustrada entre
1875 y 1900 marcó un cambio significativo en la comunicación y en las prácticas
sociales. Antes, la correspondencia estaba reservada a las clases acomodadas,
pero las postales, accesibles y económicas, abrieron el arte de la
escritura y la imagen a un público más amplio (SÁNCHEZ VIGIL, 2001). Estas
tarjetas no solo servían para enviar mensajes, sino que
también incorporaban un elemento visual, enriqueciendo la forma de
comunicación y expresando la cultura y la sociedad de la época.
El aumento de la producción entre la década de 1880 y principios del siglo XX fue espectacular. A modo de ejemplo, Alemania producía 88 millones de tarjetas, Inglaterra 14 millones y Francia 8 millones; en tan solo diez años, la producción se disparó en más de un 100%, consolidándose como el medio de preferencia por encima de otros formatos epistolares (HACKING, 2012; KOHLER, 2021).
Las Exposiciones Universales de Filadelfia (1876), Viena (1873) o París (1889) fueron verdaderos laboratorios donde se exhibieron postales ilustradas como souvenirs turísticos y documentos promocionales. En Estados Unidos, surgieron en 1876 las primeras tarjetas con imágenes pictóricas, coincidiendo con el Centenario de la Declaración de Independencia, lo que impulsó la venta masiva de postales como recuerdos de eventos históricos y culturales (WALKER, 2020). Cumplieron tanto la función de recuerdo como la de tarjetas postales de conmemoración. Paralelamente, la tradición de enviar tarjetas navideñas, iniciada oficialmente en 1845 y popularizada por la reina Victoria, se vio reforzada por la posibilidad de imprimir masivamente postales (PALÉNQUE, 1990).
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1876, Exposición del Centenario de Filadelfia |
Con la introducción de la fototipia hacia 1868, difundida en la década de 1880, las imágenes fotográficas se pudieron imprimir con mayor nitidez y a bajo coste, permitiendo tiradas masivas de postales de 9 x 14 cm. Este proceso se extendió rápidamente, abriendo el camino a un mercado global de tarjetas postales ilustradas a precios asequibles (FERNÁNDEZ TEJEDO, 1994).El coloreado de las postales comenzó con el simple retoque a mano, siguiendo la práctica de los estudios fotográficos, pero pronto dio paso a la cromolitografía y la fototipia, permitiendo mayor calidad y tiradas más amplias (HACKING, 2012).
Para 1890, numerosos historiadores consideran que nace verdaderamente la llamada tarjeta postal ilustrada, cerrando así la etapa en la que predominaban tarjetas sencillas y epistolares con un texto muy breve (VELA NIETO, 1992).
6. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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